Nº 96 ABRIL 2018 AVANCES EN LA COMPRENSIÓN DEL PSIQUISMO

Puede adquirir la revista completa o por separado los siguientes artículos:

  • Presentación : Inmaculada Delgado
  • Eric R. Kandel. Biología y futuro del psicoanálisis: Retorno a una nueva estructura intelectual para la psiquiatría
  • Yoram Yovell, Mark Solms, Aikaterini Fotopoulou. Argumento a favor del neuropsicoanálisis: Por qué el diálogo con la neurociencia es necesario pero no suficiente para el psicoanálisis.
  • J. Javier Fernández Soriano. Apuntes sobre sustratos neurobiológicos de la psicoterapia 
  • Pedro Pérez García. Creencias y delirios
  • Carlos Sánchez. La conversación ordinaria como instrumento de la técnica psicoanalítica.
  • José Eduardo Fischbein. Cuando lo insuficiente de la somatización se convierte en acontecimiento somático

 

Presentación

Presentamos este número con la intención de mostrar los avances en dos temáticas que ya hemos tratado en esta revista y que están muy presentes en nuestro trabajo clínico y desarrollo
científico, como son las neurociencias y la forma de abordar los trastornos psicosomáticos.
Partimos de la articulación de lo psíquico, lo neurofisiológico y lo somático; vemos en nuestros pacientes cómo las conexiones entre las emociones y las respuestas corporales, hormonales, viscerales y motoras conducen a cambios físicos reales y pueden contribuir a producir trastornos psicosomáticos.
Que hay unos cambios neurofisiológicos en relación a dinámicas psíquicas parece estar fuera de toda duda. Son muchas las investigaciones que prueban que estos cambios neurofisiológicos evidencian la existencia de procesos mentales inconscientes, que nos hablan de la importancia del cuerpo y de su papel activo en la vida mental.
También sabemos, lo decía Kandél en 1998, que los procesos mentales complejos como el aprendizaje o determinados comportamientos sociales actúan sobre el cerebro, modificando la expresión
de los genes y, por consiguiente, la función de las células nerviosas, lo cual confirma que las funciones mentales reflejan funciones cerebrales.
Como se ha apuntado en varias ocasiones, las secuencias causa-efecto no son sinónimo de identidad; la comprensión del sentido de la conducta y de las experiencias subjetivas está en un nivel de
coherencia diferente de cualquier formulación neurofisiológica, se trata de niveles distintos de discurso que se complementan.
Nos unimos a la evidencia de que los estudios de la percepción, la memoria y la conciencia serán siempre incompletos si no se añade al punto de vista objetivo que da la biología, el subjetivo dado por el psicoanálisis.
En el trascurso de los últimos años se ha puesto de manifiesto que son los procesos mentales, en su mayoría inconscientes, el punto de encuentro de las neurociencias y el psicoanálisis que viene dado, como apuntaba Pally en 1998, por la emoción inconsciente que funciona coordinando el cuerpo y la mente de un individuo, y entre los individuos. Esta autora puso como ejemplo de integración de las neurociencias y el psicoanálisis, la enorme dependencia que tiene el desarrollo cerebral de la experiencia adquirida en la infancia.
También hemos visto a lo largo de estos años cómo los temas centrales en las investigaciones neurocientíficas convergen con las emociones, el conflicto mental y el apego, así como con la neurociencia afectiva y social. Por ejemplo, los hallazgos recientes en neurociencia se sintonizan con los modelos de localización dinámica de la función mental. En estos momentos, los investigadores están aportando datos experimentales que ayudan a posicionar fenómenos que son pilares en el psicoanálisis, como el inconsciente, el Yo, o el Superyó, y esto no nos puede dejar indiferentes.
Al posicionar distintos fenómenos psíquicos en el cerebro podríamos pensar que si, tras un tratamiento psicoanalítico aumentan las conexiones neuronales en esa área, se ha desarrollado o ampliado el Yo, Superyó, o se han hecho conscientes aspectos inconscientes.
Estos fenómenos tienen su origen en el cerebro, y la experiencia subjetiva relacionada con estímulos externos afecta también a los procesos estructurales del cerebro. Así, la biología determina la función pero, aquí también, la función hace al órgano, sobre todo durante los años formativos de la infancia, lo cual es avalado por prestigiosos neurocientíficos.
Toda esta apertura nos genera incertidumbre y, como dice Pérez García en el artículo publicado en este número, es parte de nuestro modo de conocimiento, una perspectiva abierta a la realidad, que introduce el concepto de verdad parcial, compartida y verificable por otros, y permite un cuestionamiento permanente y en espiral.
Pensamos que es entendible que en un principio uno se oponga a la biologización reduccionista y despiadada de lo subjetivo y de lo personal que dan las neurociencias, pero esto no significa que no se establecer un diálogo con los neurocientíficos. Más cuando no es una novedad; Freud ya lo intentó, y al no tener medios para explicar el funcionamiento psíquico que él presuponía gobernado por funciones neurofisiológicas, optó por una nueva disciplina, con la que intentó explicar la función dinámica de la estructura mental, aunque permaneció fi el a la idea de que sus modelos de la mente, algún día, serían correlativos a los modelos de la función cerebral.
Damasio (2002) decía que, según vayan pasando los años y conozcamos mejor el funcionamiento del cerebro, se irá demostrando que la neurología confirma muchas de las ideas de Freud, y así esta
sucediendo.
En esta línea surgió en los años noventa el neuropsicoanálisis, como un intento de tender puentes entre los métodos psicoanalíticos y neurocientíficos, los hallazgos y las teorías de la mente. En el año 2000, Solms fundó la Sociedad Internacional de Neuropsicoanálisis, un pequeño grupo de psicoanalistas y científicos que se unieron para crear un foro de diálogo interdisciplinar.
Desde entonces se han mostrado respetuosos con las distintas ciencias. Solms argumenta, fi el a Freud, que cualquier método que intente reducir los fenómenos mentales a fenómenos neuronales, o
que intente establecer una estricta localización de las funciones mentales en áreas diferenciadas del cerebro, no es apropiado para el interrogatorio neuropsicoanalítico, ya que puede estar sacudiendo las bases fundamentales sobre las cuales el psicoanálisis fue construido.
El neuropsicoanálisis defiende que la neurociencia y el psicoanálisis no pueden convertirse en una sola disciplina, sino que son y seguirán siendo inherentemente distintas, con metodologías diferentes para investigar dos aspectos complementarios de la mente: el subjetivo y el objetivo, ninguno de los cuales puede reducirse al otro o ser más real que el otro.
Como decía Ansermet en 2014 —y quedó reflejado en un número anterior de esta revista—, la relación del psicoanálisis con la biología no se concibe para que la biología confirme o invalide las tesis del psicoanálisis; se trata, al contrario, de ver al psicoanálisis como ofrece su encuadre a las neurociencias, a fi n de permitirles abordar,
Lorenza Escardó Zaldo
Subdirectora

 

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